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Performance: A que no puedes comer sólo una

Hacer del espacio del performance un ruedo, pelear con tus demonios, hacer del cuerpo tu arma y tu enemigo; la obra de Miguel Pérez Ramos es cruda, vigorosa y fuerte. Violentamente sincera, quizá demasiado honesta. Un espejo donde reflejar el fantasma de muchos otros.

Por Gerardo J. García

Tal vez la magia en el performance, A que no puedes comer sólo una, radica precisamente en la brutal angustia de un hecho tan cotidiano como el sobrepeso y la batalla por vencerlo. La experiencia del artista cholulteco, Miguel Pérez Ramos, en las manifestaciones plásticas, se muestra contundente en una serie de escenas que, voluntaria o involuntariamente, destacan igual por su poder que por su composición estética.

La espiral de la desesperación  que viene de la identificación con las campañas y con los alimentos diarios, aumenta dramáticamente por una serie de escenas que se reconocen en el imaginario, gracias al concepto mercadológico de la salud e imagen: las rutinas de ejercicio, entrenadores y productos para bajar de peso.

Por un lado, el performance denuncia el coctel de químicos que consumimos en los alimentos industrializados; por el otro— y quizás más allá de la aceptación del artista, también conocido como Santo Miguelito—el enfrentamiento con la imagen.

Culto y desprecio, amor y odio en este círculo vicioso.

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